sábado, 27 de febrero de 2016

El desprecio escondido (Apuntes coyunturales)


“Fenómenos como Le pen son más bien desfavorables para la derecha (…) De nada sirve asustarse. Quedaron lejos los tiempos donde la democracia liberal era la menopausia de las sociedades occidentales y el fascismo su demonio de mediodía. Las democracias han entrado en una especie de senil de la tercera edad, ya no tienen suficiente energía para suscitar un enemigo interior poderoso como lo era el fascismo mítico (…) Le Pen no es más que un eczema o un ave de corral desollada, que, mucho más que su propia fuerza demuestra la debilidad intrínseca de todos los sistemas públicos actuales(...) Solo quedan unas masas fluidas y silenciosas, ecuaciones variables de los sondeos, objetos de test perpetuos (…) Todos los representantes (partidos, sindicatos) se sirven de una supuesta exigencia de las masas para escapar a la política”
(Jean Baudrillard “La izquierda divina”)


“Cuanto más poder se le da al monarca 

tanto más fácilmente puede pasar a otro ese derecho” (Spinoza, “Tratado Político”)

La tragedia se repite cuando el guion es el mismo, los personajes y lugares también. Nuestras emociones dependen de lo que haga la casta política, lloramos y reímos según las decisiones que toma una familia cosmopolita, que juega a los celos y que todo lo que hace en sus oficinas es por despecho o endorfinas. Donde pocos de esa casta viven acordes a sus manifiestos, que se refugian atrás de la palabra pueblo, y dicen ser su necesarios representantes, porque según ellos, el pueblo no sabe hablar por sí mismo, es torpe y esquizofrénico. Por eso un día es tratado como redentor y el otro como psicópata.
Donde el pobre jamás ocupará un cargo político relevante, y a lo sumo como si fuera un milagro será asistente o puntero de algún diputado, concejal o ministro. Una sociedad de 40 millones de habitantes y 3 millones cuadrados de superficie atormentada por un escaso puñado de pibes chorros, una sociedad que hoy renueva su sed de sangre. Que mantiene y cuida como a un dios la nostalgia por la última dictadura militar.
Y quienes enfrentan a los inquisidores son solo falsos profetas. Que en público lloran por las injusticias pero en privado pretenden de los pobres obediencia debida y masajes en la espalda. Ahora ellos dicen que por culpa de los pobres se perdió la última elección presidencial. Hasta ayer esos pobres eran las masas iluminadas, la villa era el territorio donde se forja un verdadero militante, ahí donde nacen las bases de la movilización, el pobre era ese otro por el que la patria es, pero que hoy es aquel por el que la patria no será.
Ahora dicen que se jodan esos negros de mierda desagradecidos con todo lo que hicimos. Ayer eran el objeto de la lírica revolucionaria, hoy son el sujeto responsable del oscuro cambio. Que histérica es esa sensibilidad que dice amar a los pobres y ante la mínima adversidad los pasa a odiar, o algo peor, a despreciarlos desde una postura arrogante y con gestos de superioridad, que se atribuye todo el poder de dar órdenes desde un trono supuestamente obtenido por los kilómetros de barro pateado en la militancia orgánica.
Esa perfecta síntesis moderna, esa nueva herramienta antropológica llamada Facebook es una de las evidencias materiales de mis dichos. Los días posteriores a las últimas contiendas presidenciales uno se cansaba de leer comentarios de estrictos militantes o ciudadanos “comunes” con afinidad partidaria al último gobierno, que arrancándose las vestiduras en feroces movimientos, exponían rabiosos su bronca hacia los sectores populares que votaron a Mauricio Macri, dando por hecho que las elecciones se perdieron por la ignorancia de dichos sectores. Alegando que los negros como de costumbre no saben votar, que eligieron consientes al diablo como presidente, que ya van a ver por eso los castigos que les impondrá el destino.
Quejándose de ¿Por qué nos hicieron esto a nosotros que hicimos tanto por ustedes? Sin tener la certeza de que el voto de los pobres haya sido la causa determinante para la victoria de lo que es el conglomerado conservador más fuerte del espectro político argentino, muchos igual salieron inmediatamente a culpar a estos por la derrota.
Ahora bien, como habitante de una villa miseria puedo decir que es verdad que hubo muchos vecinos de aquí que se inclinaron hacia la fórmula del PRO, y obviamente es llamativo como un pobre puede votar a alguien que no proviene de su clase, o como un trabajador puede votar a un empresario, pero fueron solamente algunos casos. En los días previos al balotaje presidencial presencié en el barrio una actividad política como nunca antes. Los vecinos mismos debatiendo con una pasión novedosa para sus propias vidas. Los más inquietos y eufóricos eran aquellos que poseen un almacén, un pequeño negocio de ropa, una verdulería, etc. Esos que en estos últimos años experimentaron un leve pero constante crecimiento económico a partir de las medidas que potenciaron el consumo interno y el trabajo. Sacando conclusiones desde el puro sentido común del bolsillo, sabiendo que hoy por la villa se ven un montón de autos nuevos o usados, como un síntoma o un símbolo de cierta época económica en sudamericana, una época que siguió siendo capitalista pero con con distintos gestos de piedad roosveltiana. Por dicha razón, los vecinos villeros quizás no convencidos ni contentos, mucho menos orgullosos, pero hablaban de votar a Scioli, aunque sea un político que como gobernador ni siquiera jugo a hacerse el popular, y que iba a los barrios solo a dar conferencias de prensa en medio de operativos policiales y que pocas veces se lo vio demostrando empatía hacia los sectores vulnerables. Recién en campaña y seguramente por recomendación de sus asesores de marketing, montó un personaje al que no le molesta el olor de las masas, un método que repiten y repetirán hasta el infinito de los tiempos todos los políticos en la previa de una elección, cualquiera sea su atributo partidario.
La historia no es lineal y miren si esta época no será políticamente nueva que hasta la derecha debe simularse y mostrarse populosa. Pero entonces si en los barrios pobres la fórmula del PRO en su mayoría fue rechazada y los pobres optaron por el peronismo representado por Scioli, ¿Por qué muchos militantes clase media eligieron ante todo y como primera reacción enojarse con los pobres que según ellos votaron mal? Y si así hubiese sido verdad que Macri haya sacado el 100% de los votos en cada villa miseria ¿Cómo es que tan rápidamente esas multitudes que hasta ayer eran hermanas hoy son consideradas enemigas? ¿Quiere decir que esa aparente sensibilidad y supuesto amor hacía la clase baja dependía solo de una elección? ¿Qué detrás del envase de popular había una sospecha antropológica de la capacidad intelectual de los pobres? ¿Como si tuvieran la certeza de que estos están incapacitados intelectualmente o limitados neurológicamente a comprender los problemas de su sociedad?
En ridículo nuestro catálogo racional, los pobres siguen siendo tratados y/o se siguen dejando tratar como bestias encontradas en la selva y traídas a la ciudad, que poseen diversos rasgos humanos pero que necesitan, por el bien común, ser controlados e higienizados moralmente, moldeados como hace un alfarero al acariciar su jarro. Considerado una barata mercancía, un material descartable que sirve para reciclar como objeto de discurso progresista o como tesis para finalizar una carrera universitaria. La derrota electoral fue la gran excusa para que muchos que usan el disfraz de rebelde a donde van, puedan desahogar todo su racismo que venían tragándose por conveniencia.
Resulta intolerable la hipocresía de esos que ahora lloran por idénticos hechos que antes veían pero callaban, son igual a los verdugos que denuncian esos que actúan de abejas holgazanas como si recién lograran darse cuenta de que la policía, la gendarmería o la prefectura reprimen e inundan de balazos a los morochos, incluido niños y ancianos. Cosas que suceden a diario en la villas desde que tengo uso de razón y nací en el año 1989. Al día de hoy ya viví desde acá (salvo mi estadía en prisión desde el 2005 al 2010) a 4 gobiernos de expresiones políticas distintas; el neoliberalismo erótico, carismático  y polígamo de Menem, el neoliberalismo alianzistico hipnótico y aburrido de De La Rua, el neoliberalismo magnánimo o intento de peronismo romantico de los Kirchner, y el neoliberalismo fashion, resentido y eficaz actual de MM. 
Todos coinciden aunque no quieran en que conciben a pobres como la prueba piloto de los experimentos de la represión y el control social. Lo que da vergüenza ajena es que muchos ahora se hagan los que lloran por la forma que son reprimidos los villeros y antes elegían callar y muchos hasta negar estos hechos.
El kirchnerismo fue y es completamente o en sus máximas figuras representativas blanco-clase media y a diferencia del primer peronismo no cuenta con un bárbaro mito fundacional. Néstor no fue proyectado como líder de masas por la barbarie de los cabecitas negras descalzos en las fuentes de plaza de Mayo, ese grasoso hecho simbólico que inaugura nada menos que una nueva era en la historia argentina. Cuando fueron las elecciones del 2003 ya había pasado mucho tiempo del argentinazo cacerolo-piquetero del 2001 y Néstor Kirchner no era ni siquiera conocido por arriba en el imaginario popular, a diferencia de Perón que ya desde su cargo como Secretario de Trabajo fue tomando varias medidas a favor de los trabajadores, que le hicieron ir ganando la simpatía plebeya, de los sindicatos y hasta de algunos elementos del anarquismo, numerosos en esos tiempos, borrados curiosamente en la inmediatez de esos años. Ya que como se sabe tales políticas tomadas por Perón fueron una gran novedad para la historia concreta de nuestro país: Por primera vez el trabajador empezó a ser reivindicado y considerado sujeto con derechos.
50 años tardo en volver esa roosveltiana filosofía del progreso material para las mayorías. La singularidad más interesante del kirchnerismo a mi entender fue la aguda e inesperada apertura de la memoria sobre la ultima dictadura militar, el obligarnos a debates populosos si pero necesarios siempre. A sacarle un poco la modorra a una brutalidad en nuestro pueblo que parecía eterna.Fue durante al kirchnerismo que se pudo sacar del sótano de la tortura a lo que aconteció en esos años, sino aun la versión oficial seguiría siendo la del manual kapeluz, que no mencionaba ni siquiera a los desaparecidos, mucho menos al secuestro de bebes, o las violaciones y mutilaciones sufridas en esos años hasta por muchos pre-adolecentes. Ningún pueblo que se proclame civilizado puede esconder una barbarie y carnaval de muerte de tanta magnitud como la sucedida entre 1976 y 1983, aunque sean muchos los que aun justifican y hasta celebran ese delirio.
Nadie esconde el agradecimiento por todo lo bien hecho, pero si es en cuestión de ideales los de estos años son muy diferentes a los sueños y a la ética de esa generación dorada, que no conocía la fatiga y que soñaba con jamás burocratizarse. Al kirchnerismo le faltó épica y mística, pero tampoco tenía con que construirlas, pocos de los que hoy se nos ofrecen como líderes tienen una vida lejos de la vulgaridad del lujo, al revés de esos votos de pobreza y humildad obligatorios que tenían los setentistas. Hoy no hay líderes que despierten pasión. De la juventud se ha hablado mucho, pero no hay figuras jóvenes que generen un estruendo emocional y conmuevan a las masas, no se ven cuadros políticos que hagan arder la fibra del campo popular. Y no hay que confundir el aplauso obligado del kirchnerismo con los dispositivos orgánicos que reinaban en las organizaciones de los 70, porque no todo verticalismo es igual a otro.
Aquel al que algo le duele lo injusto sabe apreciar que la famosa movilidad ascendente es mejor que todo tipo de ajuste, que gente comiendo lo que quiera, es mejor que personas comiendo lo que haya o no comiendo. Que es mejor gente con trabajo a la desocupación masiva. Pero hasta el mejor peronismo sigue siendo capitalismo. Y si hay capitalismo se reproducirá hasta inconscientemente una forma precisa de vida que siempre hará desear más.
Donde los pobres si consiguen empleo es siempre dentro de un acotado repertorio de labores.El peronismo, ante mi mirada es un capitalismo camaleón, su color cambia sin césar. La ganancia de los dueños de la propiedad privada, los bancos y corporaciones es mayor que normalmente pero se intenta domar esa normalidad obligado a los dueños de la pelota a dar una limosna en la misa de las masas. Y vale agradecerle al peronismo su honestidad desde el origen mismo, Perón nunca mintió en eso, a muchos nos gustaría creer que el peronismo es un movimiento revolucionario pero cada vez queda más en claro que es o se transformó en un partido político funcional a la democracia liberal. Quizás en una época de la historia el solo nombrarlo atraía espíritus libertarios, pero hoy lo que hay como grandes figuras que representan al peronismo es una banda de monigotes feudales, desbordados por la adicción al dinero, y bastante propensos a ejercer la mano dura en sus cargos como intendentes o gobernadores. Tal quedó evidenciado con la adhesión de la mayoría de los gobernadores peronistas al famoso protocolo represivo anti piquetes de Patricia Bulrich. Unos escasos días posteriores a las elecciones se escuchaba a uno de los grandes referentes del PRO, Federico Pinedo, decir “que el peronismo iba ser muy importante para que ellos sostengan su gobernabilidad” es decir dialéctica hegeliana pura; la derecha no es “sin” el peronismo, el peronismo no es “sin” la derecha.
Obviamente pasaron muchas cosas en el medio entre el arresto de Perón, el 17 de Octubre de 1945, la formación del partido justicialista, etc y el hoy. Hubo un rio de sangre donde se escondieron a miles de muertos. Y cuesta aceptar que ese río de sangre haya desembocado en el mar conservador que es lo que el peronismo terminó siendo, y que no fue por el simple resultado de hechos aislados, de accidentes imprevistos como Menem. El que revisa la historia encuentra que desde sus principios el peronismo tiene como emblema alcanzar el objetivo de generar una burguesía nacional a través del fortalecimiento de una industria nacional, un país con “capitalistas de acá”, “Una patria de capitalistas” Que "generen" la riqueza y la distribuyan, que se animen a la reducción de las importaciones, que potencian el crecimiento del mercado interno, etc. Al peronismo le aterra la sola fotografía de una sociedad sin clases, y ese no es el problema, cada partido con su doctrina, el problema es que nos quieran imponer al peronismo como el único canal posible de organización y resistencia, porque entonces ¿quiénes serían la vanguardia iluminada, esa que vive aunque sea un poco como grita en sus discursos? ¿Qué tiene que ver la sensibilidad de un militante con el cristianismo policíaco de Scioli, Espinoza, Urtubey, Gioja, Insfran, (por nombrar a los peronistas más famosos y televisados por ende votados) o ¿qué tiene que ver la disciplina de un militante que un sábado a la mañana va a las villas conmovido a alfabetizar, con la cómoda silla de la burocracia a la que se aferraron miles en estos últimos años?
Es que el número de militantes reales, sensibles y coherentes, es insignificante frente a la cantidad de seudos militantes que se meten en la política como si lo hicieran a un partido de fútbol o como en una carrera de triunfo personal. Hoy esos mismos lloran porque el mercado cambió de gerente y sus pautas de convivencia, pero niegan que dueño del mercado siempre fue el mismo. El peronismo nunca se propuso alterar ningún orden financiero, ya en sus raíces filosóficas no hay ni siquiera la sugerencia de que en algún momento de la historia se debe abolir la comodidad en la que vive tanto el pequeño-mediano y gran burgués, siempre a costa de la incomodidad de los cabecitas negras. Maldecir al capitalismo ni siquiera es parte de su  simbólogía, salvo la frase de su marcha musical donde dice “combatiendo al capital”, pero que en los hechos quedó claro que nunca lo combatió sino que a lo sumo lo pasteurizó. Porque un mundo sin clases sociales implicaría mucha demanda de subjetividad, mucho aporte real de cada sujeto con sus actos más que con sus dichos, más trabajo artesanal que mental, mucha mano de obra física y no tan cognitiva, y el pequeño o gran burgués, multiplicado a miles por el peronismo (sabido es que es parte de su tragedia, incrementar la clase media que luego lo sepulta para posteriormente exhumarlo y revivir el cadáver) sabe trabajar a lo sumo con su cerebro, los trabajos que requieren esfuerzo físico tienen dueños claros y si el burgués es bueno, como cuando es peronista, le pagará a su siervo en blanco, y si no es peronista le pagará poco o nada o lo despedirá, con latigazo incluido y el esclavo hasta deberá agradecer por esto.
Las grandes opciones del menú político argentino de hoy producen acidez  antes de elegir comer. Solo hay dos opciones en la carta; derecha moderada y democrática, (Peronismo a lo Scioli o derecha corajuda y atrevida, es decir la alianza PRO-Frente Renovador) y una vez que terminamos de comer hay que decir que fue la comida más rica de nuestras vidas. No hay bebida, no hay postre, y la receta del comunismo que ni se mencione porque nadie sabe cocinarla ni sabe cuáles son los ingredientes, porque es algo lógicamente imposible y uno es abstracto, ridículo o resentido solo con invocar su leyenda, porque según dicen es una idea muy linda desde la utopía pero irrealizable en la vida real. Yo prefiero vivir bajo el hechizo de una utopía irrealizable como la del comunismo que conformarme con la utopía de las clases sociales conciliadas y en armonía que propone el peronismo, que el rico siga feliz en su lugar, que el pequeño burgués siga alquilando pero teniendo la herencia de la casita que le dejan sus padres cuando se mueran.
Cada uno elige su sueño, yo con el mío duermo feliz y sin ayuda de la ciencia. Y capitalistas somos todos, consumimos y estamos dentro de este sistema, pero somos pocos los que estaríamos de acuerdo y preparados en despojarnos de la comodidad para vivir en un mundo sin shoppings, donde no exista un palacio a dos centímetros del hambre, donde haya que comer lo justo y necesario si es en beneficio de erradicar tanta obscenidad en la desigualdad. Esas cosas que implicarían la vida en comunismo, que un pobre por antonomasia ya sabe hacer y ni que hablar alguien que estuvo preso, como quien escribe. Si uno mantiene el capitalismo debe abstenerse a las consecuencias, que a veces son evidentes y en otras ocasiones como durante el peronismo se ponen un velo.
Porque está en la naturaleza política misma del capitalismo y es necesario para su conservación tener etapas de cierto progreso para las multitudes, con estable cantidad de asalariados y salarios en alza, consumo para todos y todas, etc y otras etapas donde la lógica es sálvese quien pueda y aparece el termino crisis en boca de todos, como una palabra prostituta y que cualquiera usa creyéndose inigualable erudito. Hoy hay miles que se vuelven a sumergir en la miseria, para luego otra vez retomar el sendero del progreso, hoy las fabricas cierran o quiebran para en unos años regresar a la abundancia industrial y así sucederá infinitamente hasta el abismo.
El futuro será cada vez más conservador, si el cuasi reformismo del kirchnerismo es impuesto como el límite de todo goce. Si tenemos que estar contentos con aquellos que regocijándose en Keynes marcan la frontera para la ansiedad de querer una sociedad organizada de otra manera. Muchos dicen que lloran por la injusticia eterna que vive un obrero, un campesino, un minero, un vendedor ambulante, etc. Pero solo por estrategia y agenda política y no por un amor real, que trascienda al discurso o sea inmanente a él. Si realmente sintiéramos lo que sienten esos cuerpos directamente otro sería el mundo.
El kirchnerismo no quiso y no quiere dialogar con el sentido común, nunca le dio importancia, en plena era del marketing y las redes sociales decidió aislarse y negar interactuar con el ciudadano de a pie, cuando todos aconsejaban que revise su estrategia comunicacional más recrudecía la soberbia, como si el mismo kirchnerismo estuviera haciendo campaña para Macri. Aún hoy persisten en ese criterio, en vez de salir a seducir gente, cuando nuestra sociedad es un rebaño muy fácil de domar y domesticar, salen a insultar y humillar al votante de Macri. Y acusando de ingratos a los ciudadanos que presentan algún tipo de queja o crítica.
¿No es llamativo como se le entregó con moño y todo el manantial de la opinión pública al que dice su eterno enemigo? Cuando (sería un gran chiste pero no lo es) el grupo Clarín fue el que más millones de pesos recibió por parte del Estado en concepto de pauta oficial durante los gobiernos kirchneristas. No fueron la negación ni lo contrario de la derecha como ahora se presentan, sino su rama moderada, una derecha con buenos modales. Fue la trampa perfecta para cazar la ferocidad ciudadana luego del argentinazo del 2001. Es una trampa, porque son miles los jóvenes en toda la Argentina que hoy sienten una gran pasión militante, que supera en esplendor a cualquier político mayor a 50 años, pero toda esa energía es como un represa impotente, la furia de los jóvenes no es aprovechada ni canalizada sino que es contenida y casi desperdiciada por las grandes organizaciones dentro del kirchnerismo.
Hay siglos de distancia entre el amor de un militante y la falsedad de todos esos que se atrincheran en sus espacios de poder, así estos sean mínimos, como ser un consejal municipal. Pero tampoco hubo en estos últimos años unas bases militantes lo necesariamente críticas con sus guías. En Argentina hubo una movilización irracional luego del 2001, la gente necesitaba canalizar broncas, ideales, sueños, proyectarlos en algún espacio político y la aparición de Nestor Kirchner y su comportamiento gubernamental, sabido es, absorbió esa energía rápidamente. Hoy la situación es similar, hay más movilización y rechazo al gobierno del PRO entre los ciudadanos comunes que entre los líderes partidarios, o en todo caso es otra capa muscular la que se ve afectada y demanda atención, porque el ciudadano común sufre las consecuencias de cualquier política en su cotidianidad material inmediata. Y ahora quienes subestiman a las masas son el partido gobernante, creyendo que todos esos que presentan quejas son militantes orgánicos y afiliados en su totalidad al kirchnerismo.
En los grandes medios se ha instalado que la sociedad emprendió un camino irreversible hacia la derechización total, que todo discurso progresista, igualitario y humanista es cosa del pasado. No se equivocan, pero tampoco es una verdad absoluta. Pueden tener argumentos de sobra al ver que la tendencia en el mundo es el avance de doctrinas ultra reaccionarias y que son votadas y avaladas por los pueblos (Donald Trump, Marine Le Pen, Peña Nieto, Macri) pero creer que la historia ya está escrita es no haber leído lo escrito hasta ahora. El acontecimiento y la contingencia son dos elementos claves de la historia, no toda la sociedad argentina se ha resignado a ser de derecha, nadie creía en las elecciones presidenciales del 2011 el panorama actual, cuando Cristina sacó el 54% de los votos y la segunda fórmula más votada fue la encabezada en aquel momento por Hermes Binner, que al menos se identifica con una versión polimorfa de socialismo, es decir que fueron elecciones donde la mayoría de los votantes se inclinaron hacia fórmulas en apariencia macro-progresistas, ¿por qué creer entonces que está garantizado que el futuro será cada vez más fascista y la sociedad en cada elección solo deberá elegir entre matices de la derecha? Porque no creer que solo se tratan de “relevos” en palabras de Jean Baudrillard, que hacen las masas en cada elección.
No se puede decir que volvimos al 76, no se puede hablar de dictadura, eso es insultar la memoria de los desaparecidos, es cagarse en su dolor, banalizar y ridiculizar la lucha de esos años. ¿O acaso duele lo mismo que te echen de un puesto en el estado a que te torturen horas y horas para luego arrojarte vivo al mar? Pero hay una diferencia fundamental y es que en ese periodo tan oscuro no existían las redes sociales, un elemento que ha cambiado el transcurso de la historia humana, hoy la información ya no es monopólica, cada medida tomada por un gobierno es juzgada por un gigante tribunal civil, llamado Facebook o twitter. Todas las medidas tomadas por Martínez de Hoz o Cavallo, todas las muertes durante la dictadura o el gobierno de Menem pasaban desapercibidas, y muchos años después recién nos pudimos enterar cuales eran los planes económicos ejecutados, a diferencia de hoy, donde cada medida toma conocimiento público y es súper difundida en cuestión de segundos.
Desde los grandes medios y desde los grandes partidos buscan persuadirnos de que la realidad política está predeterminada, que el bienestar se alcanza obedeciendo al programa patronal y que no queda otra opción. Y si bien el kirchnerismo ni siquiera tiene un discurso anticapitalista y cree en los modos de producción del capitalismo, para la mayoría de los argentinos algunas de sus medidas de tono igualitario fueron más que motivo suficiente como para no votarlos nuevamente y permitir la revancha vigente.
Las discusiones principales en cuestiones de política coyuntural siempre deberían resolverse con soluciones del centro hacia la izquierda, porque allí siempre habrá más dinámica, compasión y solidaridad, la derecha es conocida por su canibalismo e inmovilidad, por eso nadie le cree cuando baila, pero pareciera que lo máximo que está dispuesta a soportar la sociedad argentina es un derechoso centro. No solo los grandes medios, históricamente y mundialmente símbolos de la derecha conspiran y trabajan por una sociedad horrible, sino también todos aquellos que se autodenominan de izquierda y que piensan que los pobres no pueden intervenir en política sino es a través de voceros o tutores, que creen que los pobres son incapaces de pensar y representarse solos. Aquellos que bajo una remera de Evita o del Che tienen un enano fascista muy bien escondido, y que supuestamente son los que liberaran la patria y nos llevaran a la victoria.
Tampoco esta crítica se sostiene en la ingenuidad de afirmar que en las villas o en las poblaciones conurbanas hoy sucede algo magnifico en lo político, por lo cual resulta doblemente cruel la postura de subestimar y burlarse del pueblo villero. El villero tampoco pelea mucho por representarse, la cumbre de la felicidad es tener un representante que le deje poner su nombre en una revista progre. A los villeros vienen unas personas de afuera, le pintan las paredes con los rostros de ciertos próceres revolucionarios que en la villa casi nadie conoce, se sube la foto a Facebook de la jornada muralista y ya pareciera que en las villas hay una “re movida”. Cuando lo original, lo justo y lo coherente sería pintar también rostros de villeros muertos, sean trabajadores o pibes chorros, rostros de personas que pertenecieron a ese hábitat. Lo distinto sería leer y que nos dejen escuchar el real dialecto que hay en las villas y no que se anule a ese lunfardo desde una moral infantil que no deja al villero hablar como quiere porque “hay que hablar bien” y el villero “habla mal”. Aunque ciertos valores de convivencia comunitaria aún se conservan en las villas, aunque todavía sobreviven ciertas dosis de compañerismo, en los últimos años hubo un cambio de paradigma y aquellos vecinos que en el pasado trataban de ayudar a los pibes perdidos en la droga o en la violencia, hoy abrazan con llamativa furia los discursos más insensibles y monstruosos sobre los pibes, repitiendo al unisono el pedido “que los maten a todos”. Incluso hasta festejando cuando muere un pibe, que podría ser su propio hijo. Y en eso tuvo mucho que ver la filosofía peronista de sacralizar la fábrica y ofrecerla junto a la obra en construcción como máximo paraíso posible para el villero, de ahí resulta que el albañil y el obrero, con el cuerpo explotado y doblado odie y deteste más a los pibes chorros que al patrón que lo explota por migajas.
“¿Por qué siguen robando si creamos 5 millones de puesto de trabajo y les dimos un montón de cosas? “Entiendo que roben en los 90 cuando había hambre pero no hoy que hay trabajo”, han sido frases que he escuchado decir a grandes cuadros del kirchnerismo. Y una de las grandes parodias de esta época fue escuchar en los medios que el kirchnerismo era condescendiente con los pibes chorros, que inundó todos los tribunales de garantismo, que casi negaba ser a la policía, cuando hasta las estadísticas oficiales exhiben un incremento exponencial y descomunal de los casos de gatillos fáciles o “muertes en enfrentamientos”, de los famosos “suicidios en comisarías” y ni hablar del hacinamiento en las cárceles. Y si es verdad que aumentó la delincuencia durante la década ganada, como decía Foucalt, justamente resppondiendo al mito de que cada año aumenta la cantidad de delincuentes; “Es un hecho que nunca se ha podido comprobar con rigurosidad estadística”. Pero sin embargo según los grandes medios pareciera que el kirchnerismo era casi anárquico y fomentador de los pibes chorros, cuando en la realidad acribilló a miles y militarizó muchas villas. Se podía escribir uno o varios libros enteros sobre el accionar horroroso que tuvieron las fuerzas de seguridad en las villas durante el kirchnerismo, llegando a abusos extremos, torturas y violencia de todo tipo, incluso de género explicitada hacia niñas y pre adolescentes. Hasta reemplazaron el término represión por uno más suave: "Violencia institucional". Para que no quede en la conciencia popular que el kirchnerismo reprimía.
“No existen los gobiernos de izquierda” decía Deleuze, Izquierda y Gobierno son términos antagónicos. Entonces ¿De dónde nace esa extraña necesidad de obligarnos a creer que los distintos peronismos fueron gobiernos de izquierdas? Mi versión es porque la sociedad argentina a pesar de tanta carnicería a lo largo de su historia mantiene una chispa de insubordinación, que a veces se hace llama y otras veces ceniza y que muchas delas veces que esa llama surgió la bautizó peronismo. Hay personas que se han esforzado por mantener vivo a los mártires emancipadores, y aunque la cantidad de argentinos que reivindica ciertas luchas sea escasa, es garantía de futuro, es semilla arrojada en tierra fértil. Si el kirchnerismo no sabe interpretar esa rabia lo harán otros movimientos, y el kirchnerismo de hoy se llamará de otra manera mañana.  Pero estamos ante la primer gran prueba que tiene ese espacio político que contuvo y sembró la esperanza en tantos para ver si realmente es un proyecto popular, para ver hasta donde se anima a resistir, hasta donde cede en el congreso, con cuanta pasión defiende a los desocupados, cuanto repite o contradice lo que imponga la agenda mediática, si trabajará para fortalecer y dejar radiante a la democracia capitalista o si se atreve aunque sea a cuestionarla. Si deja que sus militantes por lo menos obtengan el permiso para usar la imaginación y crear novedades y no recrear o simplemente hacer remakes de películas antiguas.
Porque el kirchnerismo funcionó como perfeccionista en la derechización de la sociedad, no salió a interpelar nunca firmemente a los discursos reaccionarios sino que los incorporó a su gobierno, muchos reaccionarios fueron ministros y parte del gobierno saliente. Cuando prometió profundizar fue cuando más se volvió conservador, cuando más apoyo tuvo de la gente para tomar medidas arriesgadas en favor de las masas, fue cuando devaluó y estancó la economía. Fueron años donde nos obligaron a aceptar al kirchnerismo como la cúspide de las ideas de izquierda, cuando en todos sus grandes referentes el modo de vida es igual al de la “gente de derecha”, se visten, hablan y comen en los mismos lugares. Tampoco pido esa puesta en escena de pobreza a lo Pepe Mujica, no me interesa que el presidente sea hippie sino le toca el culo a las multinacionales, sino saca leyes que generen igualdades. La década ganada fueron tiempos de una compleja ambigüedad, donde convivieron en la misma casa algunos ideales socialistas con oligarcas clásicos y eclesiásticos, durmiendo en la misma cama el que piensa en asistir y el que piensa en reprimir, tanta pluralidad que nadie sabe bien que piensa el kirchnerismo. Una ensalada de farsas y posturas que algunos llamaron transversalidad o frente, y ahí tienen los resultados, ni 3 meses de la derrota y cada vez son menos los que se reivindican kirchneristas.

viernes, 19 de febrero de 2016

La sub-especie.

La inseguridad es estética.La argumentación en contra de los pibes chorros nada tiene que ver con espontáneas inspiraciones éticas, sino con un determinado criterio estético. En nuestra sociedad se vive sin saber que en estos momentos alguien hace un robo automático a millones de personas en nombre de las necesarias e insustituibles fuerzas financieras. Hay robos que se perdonan y otros que no, se perdonan los robos cometidos por pequeños comerciantes a través de la inflación, los cuales son considerados dentro de la categoría de robos bellos, después están los robos feos cometidos por feos que inflan hasta la explosión las arterias del ciudadano "de a pie". Una miserable cuestión de estilo para interpretar la forma más televisada de violencia.
Como si se perdonara por honor a la belleza a aquel que robe de a miles siempre y cuando haya estudiado, y transite la vida bien vestido. En cambio inundan las cárceles o el paredón de la doxa todos aquellos que roban vestidos por corporaciones multinacionales de ropa deportiva, los pibes que roban con una gorrita que iran a gastar el dinero robado en el mismo lugar donde supuestamente se pide su captura inmediata.Los pibes que también siguen la tendencias en la moda, que aman las publicidades de los mejores jugadores de fútbol, los cantantes que venden más, los que andan con las más linda, los actores y actrices más taquilleros, los conductores con más personalidad. Los pibes que se niegan a estar afuera del callejón de los sueños. Nuestro criterio para impartir justicia se basa en este principio, porque dicho principio no atraviesa solamente un valor como la justicia, sino el mercado mismo, el mercado se alimenta en varias de sus vertientes de la actividad de los pibes chorros. Por eso si se castiga a los pibes chorros no es como ofrenda a Ningun Hefesto dios-trabajo. Sabido es que nuestra era tiene una división del trabajo cada vez más tecnologizada y la mano de obra más requerida es la cognitiva, aquellos que posean conocimientos profundos sobre la tecnología. Se están amoldando y ensamblando  nuevos modelos de sujetos, donde cada día son menos necesarios los obreros.  Está sobrando cada vez más gente. En nuestro imaginario social ya no es ninguna referencia moral ni ejemplo civil la clásica imagen del "trabajador sudoroso". Entre las relaciones de los jóvenes ser obrero no garpa, ser obrero no es sinónimo ni de éxito ni de fama, ¿Quién quiere ser albañil?  Que le queda a los pobres si cada vez habrá menos de esos trabajos forzosos. Que les queda para el futuro si desde hace décadas son considerados una sub-especie atrasada en la evolución.Cuando en el presente son los que más producen rechazo, cuando todos se unen a la hora de linchar al pobre que roba, porque su aspecto físico no coincide con nuestros prototipos ni modelos, porque su vocabulario es una amenaza a nuestra armonía gramatical, porque su fealdad es un atentado al gusto básico.
A los pobres de occidente de estos tiempos les queda por un lado elegir entre el fascista que lo quiere ver lapidado por su sola presencia y el progresista que lo quiere sumiso y bien hablado, agradecido con el laburo que obtenga gracias a su gestión. La máxima solución posible es lograr la asistencia  del Estado a la sub-especie, como si la sub-especie  sufriera de algún trastorno mental que de todos modos le permitirá entender las convenciones más necesarias para su existencia, ir y venir del trabajo (Obra en construcción, venta ambulante, cirujeo, venta ambulante, fábrica pero teniendo mucha suerte) a la casa.
La inseguridad tiene una solución clara y eficaz y es decretar el fin del capitalismo y reorganizar la economía a partir de una nueva fe, si se construyó un sistema con determinada fe se puede construir uno nuevo con una fe diferente, que erradique nuestras vergüenzas más elementales. Sin capitalismo no hay pibes chorros, así de simple y complejo.
Son días donde se repite y multiplica la noticia de banda de vecinos que linchan pibes chorros, el robo de los feos nunca durará más que un horrible momento que casualidad que pocos de todos esos linchadores jamás en su vida hayan intentado salir a masacrar o pedir que los masacren a esos que bañados en lujo nos roban mientras estamos despiertos y dormidos, que nos roban desde el tiempo que ni bien fuimos concebidos, y hasta después de muertos.

martes, 16 de febrero de 2016

Nosotros los normales.

prefiero la amistad de un loco
a la falsedad de un sano
aunque su rostro apeste de heridas
hay más vida en su vino tinto

aunque el loco pierda por nocaut
aunque aturda hablando de un amigo invisible
aunque vomite en mi lecho
los desechos de la flema psiquiátrica
es indispensable para la belleza

los locos no dudan en inflarse el pecho
al ser hospitalizados
siento admiración por ese estómago
y todo lo que resiste

por esas piernas que no se cansan
de esos ojos que se niegan a dormir
que no saben quiénes son
ni quieren averiguarlo

que revuelven adentro y encuentran algo
mientras nosotros los normales
no tenemos nada

un loco en nuestra espalda es la mejor seguridad
te esperaran en la esquina con su clásico amor
con su inigualable ternura

son los únicos que saben realizar
el milagro del silencio
y que van a avisarte
si anda cerca tu muerte.